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Lunes, 09 de enero de 2006

Cómo hacer que el enojo no nos domine

El enojo es una emoción completamente natural e incluso sana, porque es el mecanismo que dispara una carga mayor de energía por todo el cuerpo para alertarnos sobre la presencia de un obstáculo que nos impide alcanzar un objetivo deseado. La finalidad de la sobrecarga energética, cuyo mejor indicador es una fuerza física mayor que la habitual, es justamente permitirnos pasar ese obstáculo.

En definitiva, el enojo es un estado emocional normal que varía en intensidad. Puede presentarse sólo como una molestia pasajera, una irritación moderada, furia o ira. Al igual que el resto de las emociones, el enojo no llega solo. También produce cambios fisiológicos: aumenta el ritmo cardíaco, la presión arterial y las hormonas de la energía, la adrenalina y la noradrenalina.

"El enojo es un sentimiento displacentero, que provoca signos físicos internos y externos, como la taquicardia, la sudoración y la ruborización, que pueden llegar hasta picos de hipertensión, gritos y agresiones físicas", puntualizó la psicoanalista Marcela Barilari, coordinadora docente y supervisora del Centro Dos.

Para la especialista, al sentir ese malestar difuso habría que detener de inmediato la acción y abstraerse de la escena para preguntarse cuál es el reclamo que está en juego. "El enojo es como la fiebre, se la atribuye a múltiples causas", señaló con humor.

Contar hasta 10

Como se puede ver, sea cual fuere la estrategia recomendada para manejar el enojo (ver "Receta contra el enojo"), la lista de consejos nunca excluye uno ya tradicional: contar hasta diez antes de reaccionar. Esto permitirá identificar qué es lo que realmente nos molesta y no dirigir el reproche hacia una persona, cuando es una situación la que provoca el malestar.

Según un trabajo de la Asociación Estadounidense de Psicología (APA, por sus siglas en inglés), manifestamos el enojo de tres maneras: lo expresamos, lo suprimimos o lo calmamos. Expresarlo sin agresión es la forma más saludable de hacerlo, según la APA, y puede ayudar decir claramente qué habría que hacer para resolver el problema.

Suprimir el enojo, en cambio, incluye saber redirigirlo para evitar internalizarlo y correr el riesgo de "descargarlo" a través de enfermedades como la hipertensión arterial o la depresión. En cambio, logrará deshacerse del enojo si lo "retiene" apenas detecta sus síntomas, deja de pensar en aquello que lo provocó y se concentra en alguna tarea que disfrute hacer.

Pero para calmarlo deberá no sólo controlar su comportamiento, sino también sus respuestas internas: bajar el ritmo cardíaco, tranquilizarse y dejar que el disgusto ceda.

"Lo mejor es tomar distancia de la acción y advertirle al otro que estoy en una situación emocional que impide continuar una conversación -sugirió la licenciada Barilari-. Y cuando es el otro el que se enoja, deberíamos tratar de poner paños fríos a la situación y no engancharse con el problema ni responder a la agresión. No es ése el mejor momento para que el otro entre en razones."

Por Fabiola Czubaj
De la Redacción de LA NACION

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